Hoy mi niña ha sacado un diez en gimnasia, ha tenido que correr durante treinta y cinco minutos para conseguirlo. Ha sido muy importante porque el resto de compañeros han corrido hasta veinte pero, ella, quería el diez y el diez sólo era posible corriendo los treinta y cinco minutos.
Quiero compensar su esfuerzo con esta poesía que le escribí hace mucho tiempo, cuando era una niña de profundos ojos grises y de intensos rizos dorados. La he tenido guardada durante muchos años pero es hora de soplarle el polvo y compartirla con vosotros que hacéis posible que esta página funcione.
Te quiero con toda mi alma, mi reina.
JUGANDO CON MARIPOSAS
Reverberando en el cielo con aroma a canela,
bailan mariposas de hermosos colores,
me habla mi niña, con su mágica manera…
“¡Mami! ¡Mami! Qué dulces olores.”
Y, bailan sin cesar las mariposas,
en bellos contoneos de salsa caribeña,
mi niña, con sabor a mar,
mece su cabecita, rubia trigeña.
Y, las sigue, con sus ojitos de plata,
riendo, con su boquita de fresa,
a saltitos las quiere atrapar, sin saber que,
¡atrapar, no se dejan!
“¡Mami! ¡Mami!...qué bonitas,
las naranjas, azules y violeta,”
“¡Mira cómo bailan mamá!”
Lloro al contemplar cómo las mariposas,
le deshacen con sus roces la coleta.
Y, juegan con mi niña las mariposas,
acariciándole la cabeza.
Mi corazón se llena de amor,
cuando contemplo tan singular belleza.
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