Una muestra de lo feliz que me sentí, en la presentación de mi tercera novela, Waterfallcastle.
Hizo un poco de frío pero, tenía el corazón caliente, ni me percaté, de veras. La ciudad de Málaga es bellísima, con unos edificios que recuerdan a la Habana. Y con unos árboles centenarios muy bonitos en su paseo del puerto, como mi ciudad está llena de palmeras, ver otro tipo de árboles hace que se me ilumine el rostro de sorpresa.
La nota de humor la volvió a poner mi mastodonte (mi mole de coche). De nuevo elegí un hotel céntrico, en pleno casco histórico y con esas calles serpenteantes y prohibidas al paso de vehículos motorizados no autorizados, me ha salido una rima. Y pasó, lo que tenía que pasar, que dimos un rodeo enorme porque el gps tiene la costumbre de llevarnos por el camino más pintoresco y largo. Cruzamos las calles peatonales e incluso avanzamos por dirección prohibida unos veinte metros para perplejidad de las personas que paseaban y de los taxistas que alzaban el ceño por nuestra osadía pero, llegamos al fin. Con el tiempo suficiente para no llegar tarde.
Firmé muchos libros, creo que ha sido la presentación dónde más utilicé el boli, y los malagueños, qué puedo decir de esa gente tan especial, que me encantó sus risas, su sentido del humor, ese brillo especial que poseen las malagueñas, y que te dicen tantas cosas sin utilizar las palabras.
“Qué tendrá el sur que me inspira tanto”.
Estoy emocionada. Fue un verdadero placer poder ponerles rostro a nombres como Nani, Jacinda, Loli, Anny, Carmen, Begoña, Canela, Isabel, María, Lola……y, el resto, que no me olvido de ellos aunque no los mencione por sus nombres.
Es mi sexta presentación y sigo emocionándome como la primera vez, ¿seguirán las mariposas revoloteando en mi estómago en las próximas? Estoy convencida de que sí. Y esa certeza hace que esta profesión sea aún más hermosa de lo que es. Alegrar y entretener al lector que abre un libro.
Maravilloso, emocionante, inolvidable.
