Arlette Geneve

Escribir con el corazón

mar-21-09

Mis molinos de viento particulares

escrito por arlettegeneve

De niña me subía a los almendros como si fuesen castillos encantados.

Y desde las pequeñas ramas torcidas, oteaba el horizonte buscando al dragón rojo que escupía un fuego abrasador, y que durante horas, sobrevolaba el cielo por encima de mí cabeza, para lanzar la ira que escondía en el fondo de sus entrañas de monstruo pérfido, pero sin que me alcanzase.

Allí, encima de mis molinos de viento imaginarios, agotaba el tiempo entre sonrisas y gritos de, ¡mataré al dragón con mis manos! ¡Sostendré su cabeza impía ante vuestros ojos!

Y no importaba, que tuviese las yemas de los dedos heridos, por mi intento osado de escalar sus troncos de color ceniza, y escorados, unas veces a la derecha, otras a la izquierda, pero maravillosos en sus firmeza. Tampoco dolían  los raspones de las rodillas, por estar apoyada sobre ellos durante las horas en las que me sentía una niña feliz.

¿Quién no ha jugado de niño subido en un almendro?

Ahora, de adulta, me siguen emocionando sus recuerdos, aunque sea incapaz  de  pronunciar su nombre científico, “Prunus amygdalus”, sin que se me enrede la lengua en el paladar.

Y hoy, están vestidos de gala, unos de blanco nupcial, otros de azul celeste, también los hay osados que se visten de rosa, como si supieran que debe de haber un término medio… para todo.

Disfrutad conmigo de esta belleza singular, única, y que viste nuestro mediterráneo de nieve sin que haya caído un copo.

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