Sueños en Baviera
He descubierto que los alemanes son gente muy amable, educada y muy altos.
Me siento feliz porque tengo el privilegio de viajar a sitios lejanos, conocer otras culturas, geografía, y ello abre mi mente, relaja mi corazón y limpia los prejuicios que nos inculcan los miedos de otros, los pensamientos de otros, las vidas de otros.
Tengo muchas imágenes grabadas en mi mente, pero la que atesoro y creo que me han ayudado a crecer como persona, ha sido ver las cámaras de incineración del campo de concentración de Dachau, en la ciudad de Munich. La dos palabras eternas “Nunca más” es la frase por excelencia de aquello que no debemos permitir que ocurra de nuevo.
Tengo otra imagen mucho más divertida, ocurrió en la autopista que nos llevaba hacia el pueblo donde estaba nuestra cabañita de juguete. La autopista estaba llena, pero curiosamente no había atascos. Resulta un alivio conducir por las carreteras germanas, son excepcionales. Como decía, teníamos un coche a nuestra derecha, conducido por un alemán que estaba hablando por el móvil, mis ojos no se despegaban de su pelo rubio, de su mentón cuadrado, y de los dos preciosos perros que llevaba en la parte posterior del vehículo. De pronto, se percató que lo estaba mirando, analizando, y le sonreí porque me sentí como un jugador que hace trampa, y queda su honor en entredicho. Pero él me devolvió la sonrisa, y mucho más amplia que la mía. Alcé mi mano y lo saludé, él me devolvió el gesto de forma completamente encantadora, y me di cuenta, por primera vez, de los inútiles prejuicios que atan y esclavizan a muchos.
Recuerdo otra anécdota que nos ocurrió en una de las tabernas más famosas de la ciudad de Munich. En Alemania es costumbre ocupar la mesa por completo, si es para ocho y se sientan cuatro, otras personas pueden ocupar los sitios vacíos, pues a nuestro lado se sentó un alemán de los que no pueden pasar por italiano, es por poner un ejemplo. Nos dio las gracias, y se dedicó a beber de su cerveza, de tanto en tanto miraba a mis niños, y después a mi marido y a mí, cuando reunió valor, nos preguntó de dónde éramos, amablemente mi marido le respondió en inglés que éramos españoles, de Alicante, tras unos segundos en los que digería la información se mantuvo en silencio, pero exclamó poco después, “Ah, ja, Benidorm, Benidorm”, es mundialmente conocido que la costa alicantina está poblada por alemanes, ingleses, belgas, holandeses y un largo etc. Pero la anécdota viene porque abrazó a mi marido dos veces, cono si fuese un viejo amigo que saludaba en una playa levantina, si llego a tener la cámara a mano…
Aquí os dejo unas fotos, disfrutad como lo hice yo este verano.
Thomas Kretschmann

Interesante, Arlette. Yo viajé a Baviera y al Tirol hace años y me encantó. Seguro que al alemán rubio con el mentón cuadrado ya te lo has traído en la memoria como personaje de alguna de tus historias ¿verdad? Por cierto, ¿también viste a Thomas? Tu viaje no tiene desperdicio. Besos.
Decir que Baviera es precioso, es como reducir la línea a un punto. Y por cierto que el alemán, de sonrisa maravillosa, ya tiene su lugar en una de mis novelas. Te seguiré informando.
Con respecto a Thomas, casi no lo reconocí porque llevaba barba y el pelo muy diferente, pero en la taberna de Hofbräuhaus, cuando mis ojos encontraron al hombre que se parecía tanto al actor, y rodeado de sus amigos, te doy mi palabra de que los comparé, pero el de la taberna me gustaba más porque estaba al natural, pero de veras que no lo reconocí. Pensaba, mientras bebía de mi cerveza de medio litro, lo bien que le quedaría un traje militar para protagonizar una de mis novelas.
Y descubrí que era realmente él, cuando unos chicos jóvenes sacaron su cámara de fotos para inmortalizar el momento, me sorprendí, la taberna no tenía nada de glaumorosa….;) Pero allí estaba él, mezclado entre más de trescientas personas.
El momento que atesoro, y que me he traído a mi tierra, es cuando paseó sus penetrantes ojos azules por el resto de personas que bebíamos una cerveza en la taberna más antigua de Munich, y al llegar sus ojos donde estaba yo, alcé mi jarra, le ofrecí un brindis y le sonreí. Pero no me devolvió el saludo, simplemente retuvo sus pupilas unos segundo más que en el resto de comensales y me ofreció una mueca que yo me tomé como; UNA SONRISA ALEMANA… jajajaja
Fue un momento para recordar.
Querida Arlette,
Qué anecdotas tan lindas has recolectado en tu viaje, especialmente la del alemán que se sentó al lado de ustedes. ¡Ah, Benidorm!, tan tierno… ese Thomas es un personaje, inovildable para mí desde “El pianista” en su papel de Wilm Hosenfeld, sí, señor. ¿Y el hombre de la autopista? ¡Claro que contigo no hay pierde! ya lo veo protagonizando una de tus novelas!, Unas vacaciones provechosas, sin duda!
El tiroll es sencillamente como entrar a un mundo de cuentos de hadas.
Muchos besos amiga! y feliz regreso!!
Blanca
Blanca, siempre es un placer leer tus comentarios.
Y sí, Thomas viste como nadie el traje militar, aunque sea de nazi. Qué la ciudad de Benidorm es conocida mundialmente, es un hecho indiscutible, y te aseguro que la sonrisa de mi misterioso alemán, estará presente en un libro. Un beso.
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