Entrar en el armario
Os dejo un monólogo divertido y que en modo alguno pretende ofender a ese género que adoro tanto; “el masculino”.
Un buen día, escuché una conversación entre amigos, uno de ellos bromeó con la palabra, “yo quiero entrar en el armario” y sin saberlo, inspiró este monólogo subjetivo, irracional y carente de seriedad. Espero que disfrutéis de su lectura.
ENTRAR EN EL ARMARIO por Arlette Geneve.
¡Tengo que entrar en el armario! ¡He perdido la llave!
Soy el producto de una sociedad de consumo histérico y autómata. Hijo preconcebido del racismo prescrito en una receta de soledad llamada racionalidad real del presente. Ignoro el significado de esa palabra, que suena bastante tolerante, pero que esconde una ansiedad intrínseca de vacilaciones, dudas y complejos austeros de sobrecontrol.
“Racionalidad Real del Presente”.
Vayamos por partes, porque el melón es demasiado gordo para comerlo de una sentada.
Racionalidad quiere decir, existencia o posesión de la razón. Yo puedo tener razón, tú puedes tener razón, ellos pueden tener razón…. ¡no entiendo nada! Si yo tengo la razón, tú no la tienes, si no la tenemos ambos, la tienen ellos, si ellos tampoco la tienen… ¡el mundo está loco y los peces esperan el maná que prometió Dios, cuando aún no estaba harto de amasar pan para los gandules!
Contradictoria afirmación cuando leemos en las sagradas escrituras ¡”Y amasarás el pan con el sudor de tu frente”! Bueno, dice comerás, aunque para el caso es lo mismo. Bendito milagro que no se ha realizado en seis mil años, y dudo que se realice hasta que la NASA deje de fastidiar a los rusos y comience a investigar en serio.
Sigamos con la cuestión…
Real quiere decir que tiene existencia verdadera. Este término tiende a confusión porque, real puede referirse a la realeza o relativo a ellos. Puede ser una antigua moneda española, de ahí el término peyorativo, “no vales un real”… Pero vamos a quedarnos con la primera acepción del significado, “que tiene existencia verdadera”. Yo puedo existir, tú puedes existir, ellos pueden existir, entonces, si existimos pensamos, si pensamos hablamos menos, si hablamos menos, comemos más, si comemos más, engordamos, si engordamos, somos americanos y la cadena puede seguir hasta el infinito y más allá.
Presente quiere decir, tiempo del verbo que denota que la acción sucede en el mismo momento en el que se expresa, es decir, si te digo que te den por el culo, soy yo quien te tendría que dar por el culo para que la acción sucediese en el mismo momento. Luego si te doy por el culo, estoy considerado un homosexual. Este razonamiento no me satisface en absoluto, porque no me gustan los adjetivos descalificativos.
La palabra homosexual debería ser borrada del diccionario y ser sustituida por, persona de gustos variados en la carnalidad corpórea, porque todo aquello que descalifica perjudica ¿verdad? tomemos por ejemplo la palabra “zorra”… Aquí sobra los comentarios porque hay muchas mujeres lectoras y yo quiero salir ileso de esta diatriba.
Todos salen del armario. ¡Yo quiero entrar en él!
Me siento perdido en una sociedad ebria de poder machismo recalcitrante… ¡pardiez! Ni yo mismo entiendo qué he pretendido decir con esa conjugación de palabras que ha sonado a título de película de Almodóvar, y que no se ofendan los aquí cinéfilos.
Pero, no me distraigáis que no era el pez que quería pescar.
¡Yo no soy homosexual! (Entiéndase que la exclamación está dicha con voz aterrada y ausente de superficialismo barato de feria clandestina). Entonces, si yo no homosexual, debes de serlo tú, si tú tampoco lo eres, deben de serlo ellos, sí, aquéllos que se esconden tras pancartas egocéntricas de humor beato y espeso.
¡La vida de un hombre es muy dura!
Si nuestra realidad es, ¡no somos homosexuales!…. ¿qué somos? Pues somos el producto de una sociedad de consumo histérico y autómata. Hijos preconcebidos del racismo social americano. ¡Vaya! Esto me ha salido sin pensar, como cuando un niño dice “joputa” el último que llegue.
Hago mío el dicho, “de la abundancia del corazón, recita la boca”, los niños y los que hablan sin pensar siempre dicen la verdad. ¿O eran los borrachos?
Bueno, si te escuece sal y limón que lo que no mata engorda.
Seguimos…
Antes, (que conste que hago referencia a trillones de años atrás), los hombres tocaban a siete mujeres, y una de ellas coja, pero este bulo no es cierto porque, según las últimas tendencias, digo bien y habéis leído mejor, según las últimas tendencias (lo de estadísticas ya no es viable por lo del asunto de salir del armario) si hacemos caso de la proporción, hay 100 millones de hombres frente a 98 millones de mujeres.
Hahaha… las cuentas no salen por mucho que utilicemos la calculadora y la física cuántica. Razonemos, si esos cien millones de hombres los dividimos en, un 50% son ancianos, un 25% son niños, el 15% son homosexuales…entonces… ¡Madre del amor hermoso e inexistente! ¡Quedamos sólo un 10% para ocuparnos de 98 millones de mujeres! Sí, yo también estoy acojonao.
¡Y se extrañan las mujeres de vernos confusos y perdidos! Que andemos con mirada errante y preocupada ante el único instrumento realmente diabólico, NUESTRO PENE, la parte carnal varonil más cuestionada de la historia.
Ni el rey Salomón se mostraría tan complaciente con tantas féminas a quien complacer, y con un solo miembro por instrumento, aunque nunca sabremos en realidad de cuántos disponía él, porque vamos a ser maduros y realistas. Se cuenta (porque yo creo que era un cuento) que tenía unas 700 esposas y 300 concubinas, lo que hace un total de mil mujeres ansiosas a quienes complacer. Otra vez las cuentas no salen, 1000 dividido entre 365 nos da un total de 2,739 mujeres al día, sin descansar el sábado que era sagrado… conclusión, ¡los eunucos de los harenes, no estaban castrados!
Si es que me voy por los Cerros de Úbeda y no he tomado tinto de Valladolid.
Sigamos con nuestra explicación.
Dudas y complejos austeros de sobrecontrol… ¡Ostia! Esto que lo explique Zapatero.

¡¡Esta genial!! Me he divertido mucho leyendo el monólogo. Ojala hubiera en el mundo tan buen humor para compartir.
Besos
Anna, se trata de pasar un buen rato leyendo. Me alegro que te haya divertido. Un beso.
Muy bueno Arlette, el monólogo se las trae, tiene la chispa que te caracteriza.
He puesto una entrada en mi blog acerca de La promesa del Highlander.
Besos!
Muchas gracias Blanca, me paso por tu rinconcito….Un beso.
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