Arlette Geneve

Escribir con el corazón

Artículos del junio, 2010

jun-1-10

Crónica de una firma anunciada.

escrito por arlettegeneve

El viernes por la noche, el sueño se burlaba de mí alentado por mi nerviosismo viajero. Dieron las doce pasadas cuando recordé que no había echado el abanico en la bolsa, pero no le di importancia. Madrid suele sorprender con frío o calor cuando menos te lo esperas.

El viaje de ida fue entretenido, llegamos al Parque del Retiro sobre las once y media de la mañana. Busqué el stand 102 mientras observaba a los paseantes que ya llevaban sus bolsas con algunas compras, algunos son muy madrugadores. Tenía mi sitio preparado, con mi libro reposando entre otros muchos que ignoraban de qué eran o a qué género pertenecían, pero cuál fue mi sorpresa cuando me percaté, poco después, que una gran mayoría trataban sobre el Feng Shui, Zen, Psicología!!… varios posibles lectores cogían “La última cita” alentados por el título, creo yo. La frase de la novela que la define, “Lo peor de enamorarte de tu sicólogo, es que sabe demasiado” arrancó más de una sonrisa, pero la anécdota viene porque un sicólogo de verdad, supe nada más verlo que pertenecía al gremio, hizo algunos comentarios a una mujer (que lo acompañaba) sobre varios de ellos, hasta detenerse en el mío. Le hizo gracia y se soltó, e ignoraba que la autora estaba allí sin perderme detalle de todo lo que decía. Os podéis imaginar el apuro que pasó la encargada del stand al creer que podía ofenderme, pero creo que si algo me define como persona es el sentido del humor, y ni corta ni perezosa le respondí, al supuesto sicólogo, que si una mujer leía “La última cita”, no volvería a ver al hombre que ejercía tal profesión de la misma manera. Aún con la sonrisa en los labios me preguntó si era sicóloga, negué una vez , me preguntó entonces si era paciente, volví a negar y cuando alzó una ceja por la sorpresa, le respondí, “puedo ser lo que quiera”. Tras un instante, volvió a sonreír y la mujer que lo acompañaba, medio lo arrastró hacia la otra parte del stand. Hubiese podido estar toda la mañana hablando con él, me superaban las ganas de preguntarle sobre una teoría que tengo…. Pero sigo con mi crónica, firmé más libros de los que pensaba, ignoro si los lectores creerían que mi novela era un manual sobre; cómo no tener nunca una última cita; cómo enfrentarse a una última cita, o la cita del encuentro con Dios en el cielo. Todavía me río cuando lo recuerdo…;)

En el intermedio, tuve el privilegio de almorzar con dos autoras fantásticas, Claudia Velasco y Raquel Rodrein, una tercera, Nieves Hidalgo, como siempre anda con menos tiempo que el conejo de Alicia en el país de las maravillas, no pudo estar con nosotras, sí Nieves esto es una queja como la copa de un pino….;) Durante las tapas y la cerveza, compartimos muchas anécdotas, es increíble lo que sabe Claudia sobre los famosos, pero Raquel y yo nos reservamos la información confidencial que nos reveló sobre Leónidas, hicimos un pacto de silencio…;)

Por la tarde firmaba en el stand 249 que resultó el 250, de Planeta, y no os podéis imaginar lo amables y atentos que son. Acostumbrada como estaba a firmar sobre un taburete, la silla negra me pareció cómoda y elegante, hasta que me senté y comprobé horrorizada que el mostrador me llegaba a la altura del cuello, y mis libros me tapaban hasta los ojos. El apuro del encargado fue de sobresaliente, pero acostumbrado a solventar inconvenientes, buscó una caja lo suficientemente fuerte para que me sentase sobre ella, y efectivamente, alcancé la altura necesaria para firmar con comodidad, aunque tengo que mencionar que mantener el equilibrio subida a una caja subida a una silla, fue algo que no olvidaré en mucho tiempo, pero como suele decir el refranero español, “mal de muchos, consuelo de tontos” el escritor que firmaba a mi derecha, ¡también estaba sentado sobre una caja sobre una silla!… y entre firma y firma me preguntaba “¿sobre qué autor y obra está sentado el culo de Arlette?” No podía aguantar la risa, pero luego pensé que el otro escritor podía estar sentado sobre mi Carcelero, y las ganas de levantarlo para comprobarlo casi me vencieron, pero hice acopio de todas mis fuerzas y mantuve el tipo durante toda la firma, pero sin dejar de pensar en ello. Bueno, otra anécdota es que mi cartel se perdió, y como era la única autora que no tenía cartel ni foto, los lectores me preguntaban directamente a mí cuánto valía un libro determinado, como el escritor de mi derecha de vez en cuando me sonreía por lo apurada que debía de parecerle, en represalia, cuando algún paseante me preguntaba por un libro y la vendedora no estaba, con un gesto le señalaba a él. Lo sé, fue un comportamiento vil por mi parte, pero os informo que los apuros en compañía duelen menos, y cuando veía que el escritor le respondía al posible comprador que no lo sabía, yo le ofrecía un gesto de empatía. Un poco después se percató, y contra todo pronóstico, me sonrió, lo cual me decidió a leer su libro. Desde ya lo considero un auténtico caballero de brillante armadura. Estuve tentada de darle un beso de despedida cuando se marchó un minuto antes que yo, pero me pudo el azoro. Si alguien sabe quién firmó junto a Arlette, por favor que se ponga en contacto conmigo.

Al día siguiente, ignoro el motivo, me levanté con más fuerzas todavía, pero cuando llegué al Retiro olvidé el número del stand en el que tenía que firmar, faltaban diez minutos para las doce y no encontraba la caseta de información, me entró el pánico, pero soy mujer de muchos recursos, llamé por teléfono a mi amiga Loli y le pedí que me dijera el número y ¡voila! Pero no vais a creerlo, el stand estaba justo detrás de mí, era el único que tenía la franja azul y no roja, además tenía el cartel con mi foto y todos mis libros. Aún me escuece la mirada que me dedicó mi marido…;) Poco después llegaron Noelia, Alix, Helena y Merche, qué risas, qué anécdotas, y quedamos para picar algo después de la firma.

Todavía tengo agujetas de las risas que he compartido con autoras y lectoras. Y qué os puedo decir, la feria del libro de Madrid se ha convertido en un referente en mi vida literaria, espero no faltar nunca.

Debo hacer mención especial a Javier de Pamplona, que logró que le llevasen mi novela, La última cita hasta allí, a Fernando y el resto de hombres que se acercaron con una sonrisa para que les firmase un libro, y sin poner la escusa de que eran para sus parejas, olé y olé.

Gracias también a las lectoras que han apostado por mí al llevarse una de mis novelas por primera vez.

Gracias a mis editores, Mercedes y Ezequiel de Vestales, Esther de Esencia y Gabriel de Vía Magna, porque han hecho posible que Arlette pudiese estar en la feria conociendo a muchas personas. Ha sido un fin de semana maravilloso y…. ¡Volveré!

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