Escribir con el corazón.
ESCRIBIR CON EL CORAZÓN
Hago esta entrada por petición de una amiga mía a la que quiero mucho. Ella me ha empujado a decidirme, cree que puedo dar algún consejo válido sobre la forma particular de ver y participar en el mundo de la literatura. Que mis palabras pueden servir de ayuda a la hora de presentarse a un concurso literario.
Y con esta breve entrada, confío en responder a las numerosas preguntas llegadas desde muchos puntos diferentes de la geografía española, sobre este tema.
¿Qué hacer para presentar una obra a un concurso literario?
Ante todo quiero dejar constancia que no estoy cualificada ni tengo la madurez necesaria para emitir un juicio imparcial sobre los concursos literarios. No es suficiente que haya ganado uno, o que haya quedado finalista en otros. Tampoco tener publicadas varias novelas y relatos… No, no estoy cualificada, ni creo que lo esté nunca. ¿Queréis saber el motivo?
Si fuese jurado en un concurso literario, puntuaría con el corazón y no con la cabeza, y algo así no es políticamente correcto en este mundo de las letras. Pero yo os quiero hablar precisamente del corazón y no de la cabeza a la hora de hacerlo. ¿Queréis el consejo que me aplico a mí misma cuando me presento a un concurso?
En primer lugar… ¿Pensáis que es fácil? No lo es, si creéis lo contrario, entonces intentadlo, pero hacedlo y no con la cabeza. ¿Qué significan mis palabras? Que habrá jurados que valoran que cada guión esté en su lugar correspondiente. Que no haya ni la más mínima falta de ortografía, sea guión, coma, o un largo etc, pero quiero que os hagáis una pregunta, esas novelas perfectamente redactadas y presentadas, ¿tendrían alma? ¿Vida?… Meditad porque es muy importante.
Un joven de doce años podría hacer una redacción perfecta, pero una novela debe de contener algo más que eso, mucho más.
He leído historias perfectamente escritas, y reitero mi opinión al respecto, parecen redacciones de colegio y podrían llevarse una matricula de honor como nota, pero son redacciones que no conmueven, no hacen que tu corazón se sobresalte, se acelere. Que tus ojos se llenen de lágrimas, que tus labios se amplíen en una sonrisa… no, escribir dominando los signos de puntuación, los tiempos verbales, no es suficiente. Yo necesito que el autor me lleve de la mano por cada una de las emociones que ha tramado desde el principio. Que me sorprenda, que no me lo de todo masticado como si fuese un bebé, porque no lo soy. Y me rindo ante una historia tejida con manos que sufren cuando escriben, de ojos que lloran cuando desnudan sentimientos, de bocas que sonríen de placer ante un acto inesperado pero ansiado del protagonista.
Sí, todo eso y más.
Cuando estoy inmersa en una historia apasionante, ni me fijo en la coma que falta, o el punto despistado, ni en la palabra siento por sentí, no, me recreo en cada uno de las cualidades humanas que esas líneas me trasmiten, la vida que contienen. Y estas palabras no son una apología hacia las novelas mal escritas, peor corregidas, no, estas palabras son un ensalzamiento a los sentimientos, al alma que debe de tener toda historia cuando ha sido ideada con el corazón henchido de ilusión. Cuando se escribe con amor hacia lo que se hace, al margen de que esté perfectamente redactado para que cumpla las normas de un determinado concurso.
Y estoy convencida que hay jurados que saben valorar lo que he tratado de transmitir con mis palabras. Que se rinden ante una historia conmovedora e intensa. O como ya he dicho antes, llena de vida.
Por eso, si escribes, hazlo con el corazón, porque ese órgano maravilloso no tiene manos para sostener un bolígrafo, ni dedos para teclear, pero sí sostiene los sentimientos más maravillosos, y que nos definen como personas. Si decides presentarte a un concurso, hazlo desde el corazón.
Arlette.
